TRIUMPH THRUXTON: como viajar comodamente a una época mítica.

Escrito por Jesús Sanz el . Publicado en Pruebas de motos

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Por nuestras manos ha pasado la que posiblemente sea el icono actual de las Cafe Racer.

Prueba con nosotros el café más puro endulzado por los ingleses de Triumph. (Sigue leyendo)

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Jesús Sanz

Ficha técnica: Edad 40 años, Altura 1,80, Peso 85 kilos

Nivel: Siempre sobre ruedas, con motor y sin motor.

"Tengo que echar gasolina" y "Mañana lo dejo" son las frases que más me repito. 

 

 

 

Los ingleses...
un día fueron los amos del mundo y ahora se esfuerzan por conservar lo que no hay duda son señas de indentidad de una cultura que como todas las que han marcado la historia de la humanidad hay que conocer para opinar.
Su té a las cinco, sus normas y protocolos para casi todo, tenemos el adjetivo "británico" asociado a sustantivos como puntualidad, humor o elegancia. En resumen, los ingleses son como son, y así se aprecia en lo que producen...

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Curiosidades, como que hasta hace pocos años los británicos no gastaban carnet de identidad, que allí si te preguntaba la policía quién eres bastaba con tu palabra. Supongo que eso se puede hacer cuando tienes el honor como bandera...

Que nadie niegue que en campos como la música, y en concreto en géneros como el Rock, desde el sinfónico hasta el Heavy más metalero, o el pop, o incluso el punk, son dominios donde los británicos han dominado y dominan a sus anchas. La literatura o el cine son terrenos en los que despuntan igualmente estos isleños.

Y desarrollando ingenios mecánicos con olor a gasolina son para mi gusto los más elegantes. A un servidor le parece que Aston Martin es la marca de coches que representa el buen gusto. Por eso lo lleva el espía más famoso del cine con licencia para matar y que casualmente también es de la misma procedencia...

Todo queda en casa...

Haciendo motos no van a ser menos estos británicos que diseñando trajes o coches, por eso cuando ves una triumph sabes que es inglesa, la marca ha evolucionado como todas pero conservando, y a mi parecer incluso reforzando su marcado carácter de la Gran Bretaña.

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El modelo que me ocupa es la Thruxton. Nombre en honor al circuito de Hampshire que está construido alrededor de una base aerea y donde marcas como Triumph o Norton se batían el cobre, tiempo ha, en las 500 millas de resistencia, entre otras pruebas. Circuito que al estar cerca de la urbe sólo puede usarse en contadísimas ocasiones.

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Partiendo de su archiconocido modelo Bonneville, la marca de Hinckley le dio un toque racing pero clásico y creó este referente de nuestros días en lo que a cafe racer "empaquetado" se refiere.
Yo soy de los que prefieren el trote al galope y al sentarme por primera vez en la Thruxton me sorprenden aspectos con los que no estoy familiarizado: posición adelantada con los pies retrasados y apoyando el peso en las muñecas, menos mal que lleva un manillar tipo clubman que es bastante más cómodo que el semimanillar a las tijas que montaba el modelo hace años, no quiero imaginarme como debía agotar hacerte una kilómetrada con esa postura tan "radical".

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Me sorprende gratamente la forma de sus puños más gruesos en el centro que los extremos, son muy cómodos de blandir.

Una vez en marcha me dispongo a abandonar el barrio de Lavapiés: Kurt tiene aquí el garaje y es donde me la entrega. La circulación es lenta por la cantidad de peatones que abundan en estas calles los días soleados, oigo perfectamente como la gente dice cosas como "qué bonita" al ver pasar esta triumph. Lo cierto es que está hecha una atrapamiradas de primera y sabe como torcerle el cuello a cualquiera. Ya tendré tiempo de parar a verla estos días...

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Salgo del centro y, ella y yo, nos vamos de ruta. ¡Qué bonitos los espejos napoleón! Le dan un toque estético de primera y además sorprende lo fácil que resulta acostumbrarte a usarlos, en contra tendremos un ancho añadido al manillar que entorpecerá notablemente serpentear entre enlatados para coger la pole en semáforos.

Según vas conduciendo la Thruxton, te va aportando seguridad, vas confiando en ella a medida que dejas que te lleve. Las tapas de goma en los laterales del depósito vienen de perlas para "abrazarla" entre tus piernas, entra muy bien en las curvas y sus pesados 200kg en vacío, unido a su longitud, que en parado penalizan, se olvidan en marcha. La ausencia de carenado en este tipo de motos te hace pensarte lo de exceder los límites de velocidad, pero si necesitas un apretón, te va a satisfacer porque este bicilíndrico en paralelo de sonido único y perfectamente reconocible te reparte sus casi 70CV dócilmente y a partir de cuatro mil vueltas notas cómo enfurece llegando incluso a vibrar de una forma para nada incómoda, vibraciones que para mí son sinónimo de carácter, no un fallo y mucho menos un problema...

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Su neumático delantero me transmite cierta "ligereza" pero quizá sea su estrechez la que no me permite relajarme del todo. El cambio de la thruxton parece más suizo que inglés por lo redondo que va, no es preciso que lo uses de forma indiscriminada porque cada marcha te da de sobra para salir de curva o apurar en llegadas. Casi sin darme cuenta estoy en la cima de un puerto, toca pitillo, café y análisis estético.

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El verde botella tan inglés que tiene esta unidad sólo me inspira elegancia y clasicismo, si le sumamos esa banda ligeramente dorada que atraviesa el cuerpo de esta british, se convierte en una oda a la estética más refinada. El tapón del depósito ligeramente desplazado a la derecha. Sus partes pulidas del motor mantienen la esencia de los 60-70 cuando el cromado no era moda.
Esos carburadores de pega donde se guarda la moderna inyección le quedan fantásticamente bien, tanto como el conjunto cromado de llantas y radios.

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Su colín trasero, tapando el asiento del copi, amortiguadores traseros regulables cromados y grandes, así como sus silenciosos cromados, uno a cada lado, trompeteros o tipo megáfono y ligeramente levantados hacia arriba hacen que cumpla a la perfección con los cánones asociados al rollito cafe-racer que define este modelo.

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En los días que he tenido la moto he viajado por autopista, por carreteras secundarias y he chupado ciudad. Más de cuatrocientos kilómetros para llegar a la conclusión de que esta moto no es especialmente destacable en ningún terreno o uso pero tampoco te va a defraudar la lleves por donde la lleves con las obvias restricciones que supone un modelo de este tipo.

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Me ha dejado alucinado el consumo, casi ni llega 5 litros a los 100km, sin hacer excesos eso sí, esto nos da una autonomía con sus 16 litros de depósito entorno a los 300km; es decir: te apetecerá un cigarro o un café antes de que el chivato de la gasolina te advierta que tu nena tiene sed.

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 Lo más:


+Estética acorde con el boom de "neoclásicas" actual. Parecerá que llevas una moto con medio siglo en su chasis pero sólo lo parecerá porque por dentro goza de los últimos avances tecnológicos.
+Si te gusta customizar tu burra, este modelo cuenta con multitud de posibilidades ya sea de forma oficial o por distribuidores paralelos tendrás una Thruxton única.
+El motor y el cambio van como la seda.
+Los acabados son de altísima calidad, Thriumph está demostrando lo en serio que se toma la fabricación de sus motos.


Lo menos:


-Procura no embalarte confiando en sus frenos, tanto adelante como detrás se quedan justos para detenerla.
-No me gusta que la moto lleve una llave a parte para el bloqueo de dirección.
-Los espejos tipo napoleón te cortan el rollo en los atascos.
-El cupolino que tenía la unidad de pruebas es completamente inútil, aparte de fragil, y jodernos la visión de la carretera al mínimo intento de "hundirte" sobre el depósito.
-Demasiada confianza en el prójimo para un tapón de depósito sin llave.

 

Jesús Sanz

 


 

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Probador 2: Tomás Pérez Sánchez

Ficha Técnica: !03 Kilos, 55 años,  1,91 m

Nivel: Subcampeón 2012 Mac90 categoría Twin




La Triumph Thruxton representa hoy día, qué duda cabe, el espíritu del Café Racer concentrado en una moto de serie.

¿Y cuál es el origen del Café Racer? Pues, para el lector que lo desconozca, aquellas carreras espontáneas, con una apuesta de por medio, que se organizaban en cafés de rancia tradición motociclista y ambiente de clásico motoclub británico. Unas carreras que servían de base, a la vez que alcanzaban su máxima expresión, en las road racers. El Café Racer aglutinaba un estilo y una afición que llenaba de espectadores los márgenes de las carreteras donde se desarrollaban y que también  nutría de una buena parte de los pilotos que componían las parrillas de salida de esas Road Racers, con el Tourist Trophy como su máximo exponente.

Bien. Por fin la Triumph Thruxton.

Llevaba mucho tiempo anhelando tener en mi mano esta obra de la escultura sobre dos ruedas. Se trata de una moto con la que me identificaba en buena medida, pero, realmente, no he sabido hasta ahora, que me he subido en ella, hasta qué punto mis raíces motociclistas están íntimamente ligadas a ella.

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Nada más sentarme sobre su sillín y mirar el manillar de tubo, curvado en esa doble ese, la imagen me retrotrajo en el tiempo tres décadas, casi cuatro, más allá  en mis recuerdos, y me vi de repente a bordo de aquella monstruosa Laverda Jota con la que un día pretendí correr las antiguas 24 Horas de Montjuich. Sí, el manillar de esta Thruxton evocó al instante aquel “cinco piezas” cogido encima de la tija superior con el que se trataba de imitar entonces la posición eminentemente de carreras que marcan dos auténticos semimanillares. Sí, sobre esta Thruxton, acoplado tras sus relojes he posado los pies sobre unas estriberas retrasadas que me han recordado a aquellas de las primeras Guzzi Le Mans, a las de Laverda 500 Montjuich o, sobre todo, a las de aquella Ducati Vento fabricada en Mototrans del Poble Nou barcelonés,. Me he vuelto a sentir aquel quemado incorregible y negligente de antaño, que con apenas veinte veranos volaba por las carreteras serpenteantes entre montañas y acantilados.

Pero lo cierto es que después de arrancar el bicilíndrico de esta Thruxton y tras engranar la primera marcha, confieso que en más de una ocasión dejé volar la imaginación, que me transportó, en ese mismo momento, hasta la bajada de Bry Hill para deslizarme por su rampa en pos de la aplastada subida y de la serie de enlazadas que desemboca en Quater Bridge. Allí pasé a empalmar marchas junto al muro que emerge a la izquierda hasta adentrarme en una de las zonas más frondosas del circuito más legendario de la historia del motociclismo.

Es fácil soñar sobre esta Thruxton, es muy fácil sentirse Geoff Duke en los años cincuenta volando a lomos de su fantástica Gilera Tetracilíndrica sobre los duendes de Ballaug Bridge, el puente que abre, por propio mérito, un género tan romántico como pueda ser el de la mitología de la moto. Triumph ha dotado a su neoclásico bicilíndrico en esta Thruxton de un punch extra, un tirón con respecto a su hermana Bonneville, en el ritmo más alto de revoluciones, con el que  es muy fácil proyectar nuestra fantasía sobre la mente. Basta con dejar latir nuestro corazón de quemado, basta con liberar nuestra nostalgia –en los más mayores- o con rememorar la historia de las carreras –para los más jóvenes- mientras el bicilíndrico de Hincklye vibra entre nuestras piernas, para saberse Agostini, ataviado con su mono negro y con su casco Cromwell tricolor, en el momento de negociar las eses de Bungalow, cruzando el camino metálico del tranvía que asciende hasta el monte Sneafell.

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La posición de esta Thruxton, tan radical, sobre todo en las estriberas, como la más extrema de las doble erre actuales, incita a sentir una concepción de la moto deportiva completamente diferente a cualquier otra que se ofrece en el mercado, una concepción única, más aun si tenemos en cuenta que los modelos retro de Ducati, la SS y la Paul Smart, dejaron de fabricarse hace ya dos temporadas. La propuesta de Triumph con su Thruxton es, ni más ni menos, que extender su concepto neoclásico de la moto, que ya pone de relieve es su gama Bonneville, a la moto deportiva. He entendido la Thruxton como una moto para recordar las motos deportivas de los sesenta y setenta, para sentir el concepto de las carreras en su misma raíz ya que, al fin y al cabo, el estilo inglés es el originario de esta forma, la más excitante, de vivir la moto. Sin embargo la Thruxton no es, precisamente, un explosivo pepino que deba alterar las glándulas de nuestra adrenalina. No, pienso que no se trata de eso. La Thruxton, por su suavidad, precio y docilidad, es una moto para un amplio espectro de adeptos, únicamente recortada por la radicalidad de su posición, de eso no cabe duda; pero, aparte de ello, pienso que quienes realmente sabrán sacar todo su jugo a esta belleza serán los auténticos sibaritas de las dos ruedas,  motoristas que realmente sepan sentir el placer de conducir una moto que guarda dentro de sí toda la esencia de las carreras inglesas, del Café Racer y de todos sus entusiastas quemados; la esencia de una pasión por la moto vivida en una época en la que la leyenda escribía la historia de cada circuito y en la que los héroes eran tipos accesibles con familia, amigos coloquiales y un vecindario común.

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Pero no piense el lector que para sentir toda esa concentrada esencia es necesario enroscar sin piedad el acelerador de la Thruxton. No, tampoco se trata de eso. Bastará con sentir la suavidad del bicilíndrico mientras nos deslizamos acompasadamente por una carretera de montaña, dejándonos caer con dulzura en cada curva y llevando esta británica de casta con un ritmo placentero que nos permita sentirnos como Joe Dunlop tras su enésima victoria en la Isla que le hizo formar parte de esa mitología de la moto que antes hemos mencionado, o como el gran Mike the Bike pasando junto al banco (Site off Hailwood) en el que dicen los ingleses que si espíritu viene a sentarse cada años para ver el TT . Lo dicho: pura mitología.

Ya comenté en su día que me sentí cierto pesar al devolver a la marca cada una de las Bonneville que amablemente me prestaron para su prueba. Disfruté mucho con las Bonneville, con cualquier versión de su gama; pero es que ahora esta Thruxton, sencillamente, me ha tocado la fibra. Me ha emocionado.

Tomás Pérez


 

20Un poco de Chicha Técnica:

Cuando montes la Thruxton te trasladarás a otra época, su motor bicilíndrico en paralelo de 865cc. con 69CV. te llevará bajo un cielo gris plomizo y sobre un asfalto jabonoso como tu pelo engominado, engranarás sus 5 marchas fácilmente, el cuero de tu chupa estará húmedo a causa de la neblina del ambiente y siempre con un tema rockabilly sonando en tu cabeza como suenan sus escapes tipo megáfono y deseando pincharlo en la jukebox del garito de moda, el Ace Café;
Allí se pasaban las horas hablando de motos y música, peinando tupés imposibles, repartiendo apretones de manos grasientas y como no planeando algún pique clandestino a lomos de motos que lo último que te inspiraban era seguridad... Pero ahora con una Thruxton entre tus piernas te sentirás todo un Ton Up boy! un chico de la velocidad! pero muy seguro.No apures la frenada porque solo lleva un par de pinzas y un disco por rueda, neumáticos Metzeler Lasertec 100/90-18 delantero y 130/80-17 trasero. Y todo esto por 9.795€.


 

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