El Show de la ZX-10 Biposto: Pilotaje a Dúo - página siguiente 3

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El espectáculo

La levantada de rueda es posiblemente la figura más clásica y también la más espectacular. Manolo suele hacerlo al salir en primera para cambiar a segunda con la nariz del carenado mirando al cielo. Y así se acaba la recta (hay que tener en cuenta que una ZX-10 hace más de 200 en esa marcha). Pero a la hora de bajar la rueda hay que tener cierta precaución porque se suele producir un fenómeno muy llamativo.

MV.- Resulta que cuando levantas la moto, la velocidad es de pongamos 70 por hora, y a la hora de bajar estamos a más de 200. Entonces tienes que guardar la precaución de que la moto vaya recta porque al tomar contacto la rueda delantera con el suelo, sufre un acelerón muy brusco que llega a sacar humo de la goma y a hacer chillar el neumático: el mismo efecto que se ve en el aterrizaje de un avión. La longitud del Caballito que hagas en la recta depende de cómo vaya el de atrás. Si se asoma y se gira, no puedes hacerlo muy largo, pero si se queda quieto detrás, puede durar toda la recta.

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Prestaciones sorprendentes

Sin embargo, a pesar su carácter exclusivamente lúdico y exhibicionista, no hay que despreciar las prestaciones en pista de la ZX-10 Biposto a plena carga. Cabría pensar que el lastre de un pasajero podría variar la geometría de la moto hasta convertir el pilotaje a dúo casi en un paseo por el circuito. Nada más lejos de la realidad.

MV.- Sólo en una ocasión llegamos a dar tres vueltas completas en las que nos tomaron el tiempo de una salida lanzada. Fue en Albacete y marcamos un 1:47, suficiente para colocarnos en la parrilla de 600 de un campeonato autonómico. Y aunque ya digo que nunca te planteas bajar los tiempos, lo cierto es que las frenadas sí que son muy parecidas. Es verdad que el que sube se sorprende, pero no tanto de la aceleración, porque al ir cargada con dos plazas la moto tiende a levantarse con demasiada facilidad, ni tampoco del paso por curva, que aunque se llegue a tocar con la rodilla, no es lo mismo que pilotar solo.

Cuando no levanta la rueda, es muy común alcanzar los 250 en las rectas; y en Motorland ha llegado a leer en el marcador de serie de la ZX-10 la velocidad máxima que ha alcanzado: 270. Aunque la velocidad punta no es una experiencia realmente llamativa, lo que realmente llama la atención, como asegura Manolo, es la frenada.

MV.- Lo que más les sorprende a los invitados es la frenada, y eso que el freno trasero no se usa demasiado, porque también se llega a levantar de atrás con dos plazas, entrando algunas veces un poco de lado…, aunque eso también le gusta a la gente. Una piloto aficionada que subió conmigo me comentó que le había cambiado los esquemas, porque me decía: “Primero paso contigo mi referencia de frenada, luego paso la referencia de un amigo, y cuando creo que ya vas a frenar, resulta que la moto hace todavía unos metros más”. En algunos cursillos, que también subimos al alumno, hemos llegado a pasar en la frenada a pilotos que tenían muy bien entrenado el circuito.

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Su homólogo

Randy Mamola y Manolo Villaseñor no han tenido aún oportunidad de mantener una charla para intercambiar impresiones sobre su particular experiencia, sin embargo, en lo que sí han coincidido es en llevar atrás a los mismos invitados. Curiosamente, Cristina Jordá (expareja de Fonsi Nieto) llegó a afirmar al bajarse de la ZX-10 Biposto que había ido más rápido con él que con el americano. Manolo -todo modestia en su abierta sonrisa- argumenta que la única justificación que hay para ese comentario es que la experiencia con él era mucho más reciente.


MV.- Nunca he tenido ocasión de conversar con Randy Mamola. Sí es cierto que le he visto porque su hijo ha venido a correr aquí, a España, pero no he tenido la oportunidad de hablar con él. Y claro que me gustaría comentar con él un sinfín de detalles de las carreras, y también sobre las experiencias que hemos tenido los dos en las Biposto; aunque esto siempre sería salvando las distancias.

Manolo Villaseñor nos comenta que nunca ha sufrido ningún susto en estas exhibiciones, entre otras cosas porque, normalmente, pilota apenas a un 70% de sus posibilidades. Lo cierto es que al eventual pasajero le sobra con tan sólo un 50% de ese magistral pilotaje para vivir una excitante e inolvidable experiencia. Manolo Villaseñor justifica esta impresión diciendo que en la plaza trasera de la moto todo se vive con muchísima más intensidad, casi de una forma exagerada. Y remata apostillando:

MV.- Yo, conmigo mismo, nunca subiría.

Tomás Pérez