BMW R 1200 R - Segunda Opinion
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Probador 2
Ficha técnica: Edad: 53 años, altura 1,91m, peso 107 kilos.
Nivel: 3º Clasificado en la categoría Twin del campeonato Mac-90.
Mi prueba de esta BMW fue más bien corta –poco más de 300 km-, pero la verdad es que resultó de lo más particular. Podríamos hablar de una prueba de autopista al uso, pero fue mucho más que eso.
Por gentileza de BMW Motorrad tuve la privilegiada oportunidad de probar esta naked germana, precisamente, en su tierra natal y además en un escenario que se presenta como un auténtico puerto franco para la velocidad civil:
La Autobann.
Hice un vertiginoso viaje desde Munich hasta el corazón de Los Alpes teutones, unos cientos de kilómetros a lo largo de lo que, a decir verdad, es una vetusta autopista, que no me daba, en absoluto, ni la mitad de seguridad que cualquier autopista de peaje española, si no fuera por la exquisita conciencia vial que exhiben los conductores alemanes.
En cuanto abandoné las severas restricciones, por lo que a la velocidad se refiere, que rigen la periferia muniquense y encontré vía libre, dejé corre el bóxer y subí todas las marchas; desplacé el trasero hacia la plaza del pasajero y escondí la cabeza tras las dos esferas de los relojes. No pasé los pies a las estriberas traseras, como era nuestra ancestral costumbre –me refiero a los que somos más mayores-, para calibrar exactamente el comportamiento de esta R 1200 R a su máxima velocidad.
Pero antes de continuar con cualquier descripción, voy a dar la cifra, la cifra absoluta, que siempre resulta lo más llamativo, aunque no lo más importante; más aun en el caso de esta moto.
En un día sin viento, con la aguja casi permanentemente sobre los 230, salvo en alguna bajada en la que se acercó a los 240, sin rozarlos. Muy importante en este apartado tener en cuenta las dimensiones de un servidor reflejadas en la ficha técnica y, además, que esta unidad llevaba montadas las maletas laterales en este viaje.
Sobre la ergonomía.
Cuando tratamos de acoplarnos al semicarenado de una naked con efe, le reprochamos que no baje más para protegernos las rodillas, las piernas, y pensamos, tal vez, en la carrocería de una doble erre. Y cuando nos escondemos tras las fibras estrechas de una deportiva, echamos de menos una mayor protección arriba y en los laterales, como la de una sport turismo; pero cuando nos subimos en una de esas devoradoras de autopistas, seguramente echaremos en falta el entrañable confort que ofrece una GT.
Pero cuando el fabricante ha decidido no montar absolutamente nada, cuando la moto es, simplemente, así, desnuda, no nos queda nada. Pues sí, nos queda algo.
Nos queda la ergonomía.
Bien sea porque de muy joven a uno le tocó competir, como a todos entonces, con motos sin carenado: Ossa Copa, Bultaco Streaker o Pursang, incluso Vespa; bien sea, encima, por lo grande que es uno, la cuestión es que guardo una obsesión por acoplarme a cada moto que me subo y dejar expuesto a la resistencia del aire la menor superficie posible del cuerpo.
Bien. La ergonomía de esta naked germana se siente, en primer lugar, muy natural. No hay más que quedarse contemplando sus fotos estáticas para echar en falta algo vital sobre esta moto sin carenado. Sí, eso es, se evoca, se echa en falta, el piloto sobre ella para dar sentido a un todo que se edifica sobre la moto desnuda. Espacios cóncavos y sugerentes, grabados sobre el depósito con forma humana.
Ciertamente, al acoplarte sobre esta BMW R 1200 R, pegándote a cada recoveco que sugiere esa ergonomía minimalista, te sientes con una extraña comodidad de piloto de resistencia, una comodidad de la que seguramente prescindirá cualquier rutero, pero sobre la que, sin embargo, sentirá una curiosidad difícil de reconocer.
Sí, ciertamente me encontré muy cómodo abrazando con los muslos las formas enrevesadas y voluptuosas de ese depósito, mientras ajustaba los talones contra las pletinas de las estriberas, ponía los codos a mirarse el uno al otro y aplanaba la espalda sobre la horizontal, doblando el cuello para adivinar el frente a través del hueco en forma de uve curva que se abre entre las dos esferas de los relojes tras los que escondía la cara. Sí, la verdad es que con esa mentalidad de piloto de resistencia, pero con mi 1,91 y 107 kilos y un vientre, presentable, pero no hasta el punto de hacer contorsionismos, me sentía muy cómodo sobre esta R 1200 R manteniéndola al límite durante algo más de una hora.
El comportamiento ciclo a alta velocidad.
Para mí lo más significativo y apreciable de esta particular prueba. La moto se sentía pegada al suelo, para explicarme, no aplastada, como podía ser el caso de una S 1000 RR, pero con el suficiente aplomo como para seguir al centímetro, a esa velocidad y con esas particulares condiciones aerodinámicas, cada grado, cada minuto que hacía girar la dirección. La R 1200 R copia previamente la trazada que previamente iba dibujando en la mente sobre cada una de las curvas que marcaba la autobann con su amplio radio sobre la perspectiva que, vertiginosamente, se iba abriendo en ese estrecho horizonte entre relojes.Sí es cierto que sentía la retención de las maletas, a pesar su curvo diseño descendente, y la sentía sobre el propio manillar, como si tirasen de él tratando de amarrarlo a la puritana velocidad de España, argumentada sobre unos prejuicios que no hace más que poner de manifiesto las carencias impresentables de los distintos planes educativos que hemos sufrido en los últimos 25 o 30 años.
Hice mi particular prueba de fuego sobre la estabilidad geométrica de la moto, una prueba cavernícola –lo admito-, pero que arroja unos resultados de los más reveladores para el que suscribe, tal vez porque él mismo sea eso, un cavernícola de la moto. Sí, sacudí el manillar, por supuesto sin aflojar el gas en sexta. Primero en recta: La reacción de la R 1200 R fue impecable, apenas una oscilación como réplica -ojo, a esa velocidad- sobre la sacudida inicial y voluntaria. Sólo una, no más.
En curva, alguna de ellas con una respetable inclinación, no por su radio, obviamente, sino por la velocidad límite a la que las abordaba con el bóxer. Una sacudida al manillar y la R 1200 R respondió con el lógico y esperado vaivén, que en ningún caso podía sugerir el auténtico mambo que se marcan muchas motos como respuesta en curva a esta prueba rudimentaria. Dicen del Telelever que es insensible, que resulta un tanto tosco al tacto y que no transmite lo pasa por debajo del neumático delantero. Es posible, pero dejando al margen su fantástica capacidad de absorción en la frenada, muestra un aplomo a alta altísima velocidad, difícilmente igualable por muchas de las horquillas convencionales. Sí, como decía, apenas una oscilación, tal vez una y media, como respuesta a una seca sacudida yendo inclinado a 230. No está nada mal la respuesta, para tratarse de una naked con las estrechas pretensiones deportivas que pueda albergar el ímpetu del sobrio motorista, utilitario y viajero a la vez, que seguramente comprará esta creación alemana.
Una última verificación aprovechando estos kilómetros yendo a la velocidad máxima:
El Motor
A lo largo de los años, de los lustros, he mantenido otra prueba primitiva –hablar de tradicional resultaría un eufemismo-:
La prueba del ralentí.
Sí, hace años recuerdo la parada en los peajes como una prueba de fuego para el motor de cualquier moto. Recuerdo Ossas Copa, Bultacos Metralla GTS, Ducatis 500 Desmo, Benelli 750 Sei y otras que al llegar a la cabina de pago y soltar el puño del gas, habitualmente, se descomponía, mostrando un ralentí anárquico, como una orquesta de música progresiva, o se aceleraban de una manera tan alarmante que te impedía entenderte con el empleado de autopistas o, sencillamente, no aguantaban el ralentí y se paraban.
En la autobann no hay peajes, pero sí gasolineras, y en la primera que me detuve, no olvidé mantener el motor en marcha el suficiente tiempo para observar sus reacciones con detenimiento. Como diría mi padre: La R 1200 R sonaba igual que un reloj. No aprecié ni una sola rpm de más con respecto a las retenciones que hice antes de empezar el viaje a temperatura óptima de trabajo y dentro de un recorrido urbano. Perfecto, a pesar del fuerte calor (sobre 30º) húmedo que se dejaba sentir.
Tomás Pérez
