BMW K 1600 GTL Exclusive – Cálido invierno - Primera opinión
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Probador 1º: Tomás Pérez
Ficha Técnica: 1,91m, 107 kg, 56 años
Nivel: Subcampéon 2012 Mac90 Catg. Twin
El Lujo
Recuerdo la forma accesible con la que un sabio como Fernando Fernán Gómez definía el lujo. Describía una sencilla escena en la que le servían un buen güisqui de malta, mientras arrellanaba sus posaderas y su espalda, con todo el placer, sobre un mullido sillón con orejeras, frente al titilar con el que las llamas de una chimenea proyectaba sus trémulas sombras. Decía que eso era, ni más ni menos, que la esencia del lujo. Sí, el lujo entendido como una sibarita gentileza.
Veremos si realmente se puede vivir el lujo, el auténtico lujo, sobre dos ruedas con la propuesta que hace BMW a través de su majestuosa K 1600 GTL Exclusive.
Sentémonos
“Eres muy alto y te vas a sentir con las piernas replegadas”, me presagiaron antes de recoger la unidad de prensa. Además, como añadido, veía en contra de este modelo que sus semimanillares, tan prolongados hacia atrás, no son de mi particular gusto, porque me encuentro mucho más natural con el tronco inclinado bastante más hacia delante. Desde luego no se trata de lo que a mí me guste, o de cómo un servidor se sienta más a gusto, sino de lo le guste al lector y, sobre todo, al posible comprador de esta K 1600 GTL Exclusive; pero para este caso, las preferencias de quien escribe, sí que pueden servir como referencia. Veamos por qué.
Lo cierto es que en la foto saldré con las piernas replegadas, sin duda es así, pero, al mismo tiempo, también es cierto que no me invadió en absoluto la sensación, que he vivido en alguna otra moto, de hallarme sentado sobre el borde de un sofá. Es verdad que sí tuve esa impresión en parado y en el primer momento; y es verdad, también, que aprecié el tronco demasiado erguido para mí gusto al colgarlo de los dos enormes semimanillares; pero esas impresiones se esfumaron en cuanto solté el embrague y el primer impulso del seis cilindros colocó la GTL en equilibrio. A partir del primer metro me sentí acoplado, o mejor dicho: integrado en el amplio conjunto. Resulta llamativo cómo la posición más rutera, la más dispuesta para una larga travesía, puede resultar de lo más natural para resolver con una soltura inverosímil las carreteras más retorcidas de la montaña, cambiando de dirección los más de trescientos sesenta kilos que desplaza la gran nave, con una agilidad que no cabe en la imaginación, cuando uno contempla las voluminosas formas de este top de BMW Motorrad.
Deleitosa
Suavidad, dulzura, seda… Confieso que, a pesar de mi condición de novelista, he agotado mis recursos lingüisticos y he tenido que echar mano del grueso diccionario de sinónimos, que ya había empezado a acumular polvo en mi modesta biblioteca, para tratar de transmitir la sensación que te invade conduciendo esta Gran Turismo Lujo.
Deleitosa, sí, así diría que resulta la conducción en general de la K 1600 GTL Exclusive para tratar de transmitírselo al lector. Deleitosa por la extraordinaria suavidad y precisión con las que responden todos sus mandos, deleitosa por la suprema dulzura con la que empuja el poder ilimitado de sus seis cilindros y deleitosa por la majestuosidad que transmiten sus precisos movimientos sobre las rutas más sinuosas.
¿El lujo a oscuras?
Tal vez al detenernos en plena noche y sorprendernos cuando la K 1600 GTL Exclusive nos ofrece una luz proyectada desde sus bajos, para que veamos sobre qué superficie vamos a plantar los pies o a desplegar cualquiera de sus dos caballetes, pueda representar el lujo entendido como una sibarita gentileza. Sí, puede ser.
Sí, tal vez de noche, cuando, además de la inteligencia artificial que mantiene siempre horizontal el haz del grupo óptico principal, por mucho que se incline en una curva, la GTL te ofrece una luz de apoyo, proyectada hacia el frente desde los bajos, con una luminosidad muy abierta, que recuerda a esos faros de rally que llamaban “cuneteros”. Sí, tal vez represente un lujo entendido como extra nocturno.
Y sí, tal vez, al descender de noche de la K 1600 GTL Exclusive y rodearla con la idea de guardar nuestros dos cascos integrales; sí, tal vez al observar cómo la tapa del baúl trasero se abre con una ceremoniosa lentitud, que sugiere un pssss en nuestra imaginación -sólo en ella, porque el movimiento es absolutamente silencioso-, mientras que una luz de mueble-bar nos ofrece el fondo enmoquetado en negro, como todo el interior; sí, tal vez después de ver estos detalles nocturnos, tengamos la sensación de disfrutar del lujo sobre dos ruedas. Tal vez.
Un Trípode Mágico
Quizá la clave, y digo quizá porque es de mi propia cosecha perfilada a base de una sensación, se encuentre en el trípode mágico que forman los dos extremos del bloque hexacilíndrico con el pivote central del Telelever. Al conducirlo, uno percibe la sensación de que todo el conjunto carga y se apoya sobre este trípode, situado delante y tan abajo, para facilitar hasta extremos insospechados el giro, la entrada en curva de esta super K.
Aparte de ello, este trípode mágico confiera a la parte ciclo un soberbio aplomo en el paso de todo tipo de virajes, lentos y rápidos, así como una frenada, que se come absolutamente todo, sin que la moto dé ni la más remota señal de descomponerse, por muy severa que resulte la deceleración. En la parte final de este equilibrio, en la salida de la curva, quiero decir, el seis cilindros hace su aportación con la tracción más uniforme y una de las más poderosas que existen en el mundo de las dos ruedas.
Un Lujo Melodioso
Sobre el equipo de música, ¿qué decir si entran los ZZ Top en la radio durante el paso por una curva larga y pronunciada? Pues que estás reteniendo, esperando a que los seis cilindros suban de vueltas como la espuma para acompasar con su grito, arriba, la trepidante marcha del rock. Pocos motoristas habrá sin una sola pizca del espíritu roquero en su alma. Los habrá, seguro, pero creo que muy, muy pocos.
O ¿qué decir si viajas de noche por una autopista solitaria, iluminada con la batería óptica de la K 1600 GTL Exclusive, envuelto por el fluido rosa del grupo más sinfónico de la historia del rock? La K, con la espectacularidad de su cuadro de mandos iluminado, se transforma en una nave interplanetaria, cruzando el cosmos que cubre la ruta en la oscuridad.
Y ¿qué decir, también, si en una mañana soleada de invierno, la concavidad que alberga la cúpula y el carenado se convierte en un exclusivo auditorio en el que se interpreta la partitura de un concierto de Bragdeburgo? Es muy fácil cerrar los ojos –sólo en la imaginación, claro está- para sentirse levitando con la BMW K 1600 GTL Exclusive por los Reales Jardines de Aranjuez, sin ir más lejos.
