BMW K 1600 GTL Exclusive – Cálido invierno - Magia en el 6

Escrito por Tomás, José Mª el . Publicado en Pruebasafondo

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Otra Magia del 6

Ya hablamos de esta obra de arte con base en la ingeniería, de la orquesta sinfónica perfectamente dirigida y sincronizada por la batuta electrónica, que empieza a deleitar el oído del motorista desde la misma pulsación del botón rojo. Ya hablamos de él después de los más de tres mil kilómtros que sirvieron de base a nuestro reportaje de la GT, sí; pero cómo resistirse a hacer siquiera, otra vez, una mínima referencia a esta obra punta del particular talento alemán para la mecánica, ahora sirviendo de caballo de tiro a la calesa más engalanada de la marca bábara.

Dominio de la ruta

Es cierto que desde la posición de conducción es prácticamente la misma perspectiva que la que se contempla desde la versión GT. Pero la impresión tiene un matiz diferente. Tal vez por la amplitud que marcan sus semimanillares y también por la distancia que abren desde la mirada del motorista hasta el cuadro y la concavidad del carenado, el caso es que en la GTL Exclusive te sientes con un punto extra de dominio, de la ya dominadora posición de la GT. Si añadimos a eso que la visión a través de los espejos es, sencillamente, panorámica, ese dominio se extiende también a nuestras espaldas.

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A Dúo

Espero no dejar un tufo machista en mis palabras con el siguiente apunte, sino más bien mostrar una realidad bastante frecuente dentro de la población motorista masculina. Si tienes planteada una oposición en casa a las dos ruedas, o más bien una oposición a acompañarte sobre dos ruedas, la K 1600 GTL Exclusive te brinda una oportunidad de oro para hacerle “una proposición que no podrá rechazar”.
Sí, ciertamente, es así. Ella se podrá sentir como una reina, apoltronada sobre la plaza trasera, o él, en su caso, podrá viajar como un ministro, recostado sobre el asiento trasero de su coche oficial. O él como un rey y ella como una ministra: No vayamos a liarla.
Una vez que se eleva, uno o los dos apoyabrazos abatibles y se accede al trono trasero, la perspectiva, erigida sobre la cabeza del piloto, permite contemplar todo el horizonte que se abre delante de la moto. Una localidad de palco para contemplar el espectáculo que siempre llega al motorista con toda la intensidad de lo que le rodea.
La prueba la hice con dos personas, mujeres, efectivamente. Una poco y la otra nada habituada a subir en una moto. Para dar una idea de la capacidad de abstracción que ofrece este soberbio modelo y su sofá posterior, en ambos casos, ese vértigo natural que siente, al verse en equilibrio, quien no conoce el mundo de las dos ruedas se mitigó hasta quedar ignorado por completo, apenas un par de kilómetros después, sobre la K 1600 GTL Exclusive.
Desde luego, si acostumbras a viajar en pareja buscando siempre el máximo confort, y a hacer grandes viajes por rutas que también transitan fuera de las autopistas, o incluso por las carreteras más encrespadas, la K 1600 GTL Exclusive es también tu moto. Sin ninguna duda.

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Conclusión. ¿Para quién?

Cuánto cuesta. Sí, es la pregunta que me han hecho durante los magníficos días en los que me ha acompañado la K 1600 GTL Exclusive; una pregunta a la que he respondido vagamente porque, la verdad, no he mirado el dato hasta que no me he sentado a componer este reportaje. “¡Más que un coche!”, han exclamado la mayoría. “Sí, más que un p… coche”, con perdón del lector, es lo que he añadido a esa respuesta-tipo por una razón obvia.
Si eres motorista, si sientes verdaderamente la pasión por la moto, por viajar en moto de la forma más confortable, razonable y equilibrada que existe, y si tu situación económica es holgada, sin llegar a millonaria ni de lejos, la K 1600 GTL Exclusive es tu moto.
“¡Claro, nos ha fastidiado! Para el que tenga dinero y pueda pagarla”. Es la exclamación que esgrimían otros. A ellos, a su comentario, les añadía: “Sí, así es, pero es que antes, aunque tuvieses el dinero, no estaba tan clara la elección, no existía la K 1600 GTL Exclusive”.

¿Comparándola con quién?

En la búsqueda del confort supremo, la K 1600 GTL Exclusive encuentra otros dos modelos que si bien viajan en paralelo, ofrecen un matiz sustancialmente distinto.
De la americana por excelencia, La Harley Ultra Classic (además uno de los sonidos Harley de serie más puros que pueden apreciar hoy día los incondicionales de la marca) escribí en su día, como conclusión de su reportaje, que era, sencillamente, la moto más cómoda en la que había viajado hasta la fecha. Y así, hoy día, después de hacer el trabajo de esta BMW, probablemente mantendría la misma afirmación, si llegaran a preguntarme. La otra moto que busca ese concepto, el de la limusina sobre dos ruedas, es otro modelo emblemático, de marca japonesa, pero nacido en los setenta con una orientación tan americana como la de la propia Harley. La Honda Gold Wind también navega en la misma dirección, como un transatlántico que aposenta su tonelaje sobre la carretera para llevar a su motorista y a su pasajero envueltos en el máximo confort sobre dos ruedas.
Sí, desde luego que es así, pero tanto la Honda como la Harley son motos diseñadas para atravesar grandes extensiones, durante largos kilometrajes en los que las rectas interminables protagonizan un guión salpicado por alguna curva, que exige al motorista casi un plan, un proyecto previo para anticiparse a su resulta negociación. Por último, la antigua BMW K 1200 LT, a pesar de guardar un tercio menos de cilindros y de cilindrada que la GTL actual, también se alineaba en esa orientación tan americana.
La K 1600 GTL Exclusive, en cambio, ofrece todo ese confort, desplazando también una masa considerable, pero moviendo la cintura con una fluidez y una agilidad propias de una moto mucho más moderada, ligera y polivalente. Ésa es la clave y por tanto la nueva senda que esta K 1600 GTL Exclusive abre en el espectro del turismo en moto para quedar sola como muestra de ella en el mercado.

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Pegas

1.- Un filtro de aceite desnudo y a la vista resalta como un detalle de precariedad, un punto un tanto espartano, dentro de un remate que busca, y que raya de hecho, la perfección en todo su conjunto.

2.- Tuve la oportunidad de observar desde otra moto cómo el sistema de suspensión del baúl permite un movimiento, arriba y abajo, un tanto exagerado. Tanto es así que sugiere en marcha, al que va detrás, la idea de que fuese suelto, cuando, en realidad, viaja perfectamente sujeto.

3.- Con un carenado tan voluminoso, completo y estudiado, las manos -como parece obligado en la absoluta inmensidad de las motos- quedan bastante desprotegidas; y ya sabemos que, frente al frío polar que sufre el motorista en la autopista invernal, los puños calefactables no representan suficiente garantía para que no se te quede helado el dorso de las manos.

¿Mas allá del lujo?

Veamos, para concluir, el lujo sobre dos ruedas entendido como distinción, cuando no como mera ostentación, revestida de cierto exhibicionismo.

Decidí dejarme caer en medio de la noche madrileña por uno de sus locales más chic. Luego apreciaría que este calificativo, acuñado a finales de los sesenta, ciertamente se ha devaluado con el paso de las décadas, porque chic, lo que se dice chic… En fin, creo que ya es otra cosa.

Deportivos de dictador bananero, roadsters de jeque árabe con más dinero que su propia egolatría –ya es dinero-, y berlinas de alta gama, con lunas tintadas y llantas de camello suburbial venido a más. Ése era el preámbulo en la calle que presagiaba el posible ambiente que reinaría en el interior.

Aparqué la K 1600 GTL Exclusive sobre la inmensidad de la acera, prácticamente una explanada, que sirve de antesala al garito, y sí, ciertamente su llegada llamó la atención entre los aparcacoches y entre algunos fumadores, y fumadoras, que se apiñaban justo a la puerta para ponerse al resguardo del relente invernal. Llamó la atención, sí, pero sin estridencias, posiblemente cualquier otra moto grande lo hubiera hecho en una forma muy similar.

Mi entrada en el garito, a pesar del 1,91 enfundado en negro y coronado por una cara de Schwarzenegger, más que inadvertida, resultó absolutamente ignorada. Me posicioné estratégicamente ante la barra, dejando ver a través de la cristalera, justo a un lado y a mi espalda, la perspectiva al completo de la majestuosa K 1600 GTL Exclusive expuesta sobre la acera. No surtió ni un solo efecto, como si de una columna lisa se tratase, así me consideraron las miradas de los concurrentes: algo más de media entrada del aforo. Ni siquiera llamé la atención de las ninfas alzadas sobre sus tacones imposibles, con la silueta embutida en los diseños más sugerentes y apostadas tras una copa de moda, buscando con su punto de mira al cincuentón presuntuoso y adinerado, para presentarle sus encantos como ofrenda a su trasnochada vanidad, en un intercambio tácito, o directamente abierto, con el interés que supuestamente fortificase la cartera del sujeto.

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Pero antes de que la sonrisa del lector rompa directamente en una carcajada abierta, provocada por mi supuesta pretenciosidad, permítame decirle que no tengo ninguna duda de que el mismo individuo, el que le escribe, si en lugar de plantarse allí de pie, acorazado con la chaqueta de motorista, se hubiera acodado sobre la barra con una camisa de marca bordada y manga plegada para dar todo el protagonismo al reloj con corona de tres puntas que brillaría como reclamo sobre su muñeca, y si en lugar de divisarse la K 1600 GTL Exclusive, se adivinase a través del cristal la silueta de un deportivo con cuatro aros aparcado más allá de la entrada, no tengo ninguna duda, decía, de que hubiera acaparado el interés de más de una, y más de dos, de aquellas ninfas. Por tanto y al menos para un servidor, esta prueba extrema del lujo sobre dos ruedas, entendido como ostentación y apuntando pobremente a lo que se conoce como “erótica del poder”, pues la verdad sea dicha que resultó de lo más esclarecedora.

A lo mejor, para dar todo el sentido al concepto del lujo que ofrece la K 1600 GTL Exclusive sobre dos ruedas, se debería revisar el criterio particular de cada uno, tal vez, y sólo digo tal vez, para sincronizarlo bastante más con esa sencilla definición que Don Fernando hacía de él, de “El Lujo”.

Tomás Pérez